Capítulo 10. Del modo que se han de haber estos en la noche oscura.
1a. En
el tiempo de las sequedades de esta noche sensitiva, en la cual hace Dios el
trueque que habemos dicho arriba, sacando el alma de la vida del sentido a la
del espíritu, que es de meditación y contemplación, donde ya no hay poder obrar
ni discurrir en las cosas de Dios, padecen los espirituales grandes penas.
1b. No
tanto por las sequedades como por el recelo que tienen de que se van perdidos
en el camino, pensando que los ha dejado Dios, pues no hallan arrimo ni gusto
en cosa buena.
1c. Se
fatigan y procuran arrimar con algún gusto las potencias a algún objeto de
discurso, pensando ellos que, cuando no hacen esto no hacen nada.
1d. En
lo cual estragándose[1]
en lo uno, no aprovechan en lo otro, porque, por buscar espíritu, pierden el
espíritu que tenían de tranquilidad y paz.
1e. Son
semejantes al que deja lo hecho para volver a hacer, o al que sale de la ciudad
para volver a entrar en ella, o al que deja la caza que tiene para volver a
andar a caza.
1d. No
hallará nada ya por aquel primer estilo de proceder.
2a.
Estos si no hay quien los entienda, vuelven atrás, dejando el camino,
aflojando, o, a lo menos, se estorban[2]
en ir adelante.
2b. Por
las muchas diligencias que ponen de ir por el camino de meditación y discurso,
fatigando y trabajando demasiadamente el natural, imaginando que queda por su
negligencia o pecados.
2c. Lo
cual les es excusado[3],
porque los lleva ya Dios por otro camino, que es de contemplación,
diferentísimo del primero.
2d. El
uno es de meditación y discurso, y el otro no cae en imaginación ni discurso.
3a. Los
que de esta manera se vieren, conviéneles que se consuelen perseverando en
paciencia, no teniendo pena.
3b.
Confíen en Dios, que no deja a los que con sencillo y recto corazón le buscan,
ni los dejará de dar lo necesario para el camino, hasta llevarlos a la clara y
pura luz de amor.
3c. Que
les dará por medio de la noche oscura del espíritu, si merecieren que Dios los
ponga en ella.
4a. El
estilo que han de tener es que no den nada por el discurso y meditación, pues
ya no es tiempo de esto.
4b.
Dejen estar el alma en sosiego y quietud, aunque les parezca claro que no hacen
nada y que pierden tiempo.
4c.
Aunque les parezca que por su flojedad no tienen gana de pensar allí nada, que
hartó[4]
harán en tener paciencia en perseverar en la oración sin hacer ellos nada.
4d.
Solo lo que aquí han de hacer es dejar el alma libre y desembarazada y
descansada de todas las noticias y pensamientos, no teniendo cuidado[5]
allí de qué pensarán y meditarán.
4e.
Contentándose solo con una advertencia amorosa y sosegada en Dios, y estar sin
cuidado y sin eficacia y sin gana de gustarle o de sentirle.
4f. Porque
todas estas preocupaciones desquietan y distraen el alma de la sosegada quietud
y ocio suave de contemplación que aquí se da.
5a.
Aunque más escrúpulos se vengan de que se pierde tiempo y que sería bueno hacer
otra cosa, pues en la oración no pueden hacer ni pensar nada, súfrase y estése
sosegado.
5b. No
va allí más que a estarse a su placer y anchura de espíritu; porque, si de suyo
quiere algo obrar con las potencias interiores, será estorbar y perder los
bienes que Dios por medio de aquella paz y ocio del alma está asentando e
imprimiendo en ella.
5c. Como
si algún pintor estuviera pintando o alcoholando un rostro, que si el rostro se
menease en querer hacer algo, no dejaría hacer nada al pintor, y deturbaría[6]
lo que estaba haciendo.
5d. Cuando
el alma se quiere estar en paz y ocio interior, cualquier operación que ella
quiera entonces tener la distraerá y desquietará y hará sentir la sequedad y
vacío del sentido.
5e.
Cuanto más pretendiere tener algún arrimo de afecto y noticia, tanto más
sentirá la falta, de la cual no puede ser suplida por aquella vía.
6a. A
esta alma le conviene no hacer aquí caso que se le pierdan las operaciones de
las potencias, antes ha de gustar que se le pierdan presto[7],
porque, no estorbando la operación de la contemplación infusa que va Dios
dando, con más abundancia pacífica la reciba y dé lugar a que arda y se
encienda en el espíritu de amor que esta oscura y secreta contemplación trae
consigo y pega al alma.
6b.
Contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios,
que, si la dan lugar, inflama el alma en espíritu de amor según ella da a
entender en el verso siguiente, es a saber.
6c. Con
ansias, en amores inflamada.
[1]
Estragar: del latín vulgar stragare, asolar, devastar. Viciar, dañar física o
moralmente. www.rae.es
[2]
Estorbar: molestar, incomodar.
[3]
Eximir a alguien del pago de un tributo o un servicio personal.
[4]
Harto: mucho o abundante.
[5]
Cuidado: recelo, preocupación, temor.
[6]
Deturbar: palabra portuguesa, agitar, perturbar. www.dicio.com.br
[7]
Presto: pronto, diligente, ligero en la ejecución de algo. www.rae.es .
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