lunes, 21 de diciembre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 35. Sobriedad en las imágenes, medios, no fines, para el encuentro con Dios.

 


Capítulo 35. De los bienes espirituales sabrosos que distintamente pueden caer en la voluntad. Dice de cuantas maneras sean.

1a. A cuatro géneros de bienes podemos reducir todos los que distintamente pueden dar gozo a la voluntad.

1b. A saber: motivos, provocativos, directivos y perfectivos.

1c. De los motivos son: imágenes y retratos de santos, oratorios y ceremonias.

2a. Cuanto toca a las imágenes y retratos, puede haber mucha vanidad y gozo vano.

2b. Siendo ellas tan importantes para el culto divino y tan necesarias para mover la voluntad a devoción, como la aprobación y uso que tiene de ellas nuestra madre la Iglesia nuestra.

2c. Conviene que nos aprovechemos de ellas para despertar nuestra tibieza.

2d. Hay muchas personas que ponen su gozo más en la pintura y ornato de ellas que no en lo que representan.

3a. El uso de las imágenes para dos principales fines les ordenó la Iglesia.

3b. Para reverenciar a los santos en ellas.

3c. Para mover la voluntad y despertar la devoción por ellas a ellos.

3d. Y cuanto sirven de esto son provechosas y el uso de ellas necesario.

3e. Las que más mueven la voluntad a devoción se han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor y curiosidad de la hechura y ornato.

3f. Hay algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen y valor de ellas que en lo que representa.

3g. La devoción interior, que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, la emplean en el ornato y curiosidad exterior.

3h. Lo cual totalmente impide el verdadero espíritu, que requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.

4a. Esto se verá bien por el uso abominable que en nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades.

4b. Del traje que en ellas es reprehendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es.

4c. Procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho.

4d. De esta manera la honesta y grave devoción del alma ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo.

4e. Veréis algunas personas que no se hartan de añadir imagen a imagen de suerte que deleite al sentido; y la devoción del corazón es muy poca.

4f. Como Mica en sus ídolos o como Labán, que el uno salió de su casa dando voces porque se los llevaban.

4g. Jueces 18, 24: “Respondió: Me habéis quitado los dioses que me había hecho y al sacerdote y os marcháis. ¿Qué me queda? ¿Cómo podéis decirme qué te pasa?”

4h. Y el otro, habiendo ido mucho camino y muy enojado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscándoles.

4i. Génesis 31, 34: “Entretanto Raquel había tomado los amuletos, los había colocado en la silla del camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda, sin encontrar nada.

5a. La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolos a ellas y en sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con este.

5b. No solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca.

5c. Ni en esas de que se usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco, porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado.

5d. En el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte.

5e. Hasta los motivos y medios que llegan más a Dios, quitándoselos, queda quieto.

5f. Mayor perfección del alma es estar con tranquilidad y gozo en la privación de estos motivos que en la posesión con apetito y asimiento de ellos.

5g. Aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción, pero no es perfección estar tan asida a ellas, de manera que, si se las quitaren, se entristezca.

6a. Cuanto más asida con propiedad estuviere a la imagen o motivo, tanto menos subirá a Dios su devoción y oración.

7a. Ya que en esto de las imágenes tengas alguna réplica a lo menos no la podrás tener en la imperfección que comúnmente tienen en los rosarios; pues apenas hallarás quien no tenga alguna flaqueza en ellos, queriendo que sea de esta hechura más que de aquella, o de este color y metal más que aquel, o de este ornato o de estotro.

7b. No importando más el uno que el otro para que Dios oiga mejor lo que se reza por éste que por aquél.

7c. No antes aquella oración que va con sencillo y verdadero corazón, no mirando más que agradar a Dios.

7d. No dándose nada más por este rosario que por aquel, si no fuese de indulgencias.

8a. Es nuestra vana codicia de suerte y condición, que en todas las cosas quiere hacer asiento; y es como la carcoma, que roe lo sano y en las cosas buenas y malas hace su oficio.

8b. ¿Qué otra cosa es gustar tú de traer el rosario curioso y querer qué sea antes de esta manera que de aquella, sino tener puesto tu gozo en el instrumento y querer escoger antes esta imagen que la otra, no mirando si te despertará más amor, sino en si es más preciosa y curiosa?

8c. Si tú empleases el apetito y gozo solo en amar a Dios, no se te daría nada por eso ni por esotro.

8d. Es lástima ver algunas personas espirituales tan asidas al modo y hechura de estos instrumentos, teniendo en ellos el asimiento y propiedad que en otras alhajas temporales.

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