martes, 15 de diciembre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 33. La oración es el camino ascendente por el angosto estipes (palo vertical) para alcanzar el patíbulum (travesaño horizontal), abrazados al Amor alcanzar compartir con Él el Reino, la eternidad.

 


Capítulo 33. En que se comienza a tratar del sexto género de bienes de que se puede gozar la voluntad. Dice cuáles sean y hace la primera división de ellos.

1a. Encaminar el espíritu por los bienes espirituales hasta la divina unión del alma con Dios.

1b. Este sexto género son los que más sirven para este negocio.

1c. Convendría que, así yo como el lector, pongamos aquí con particular advertencia nuestra consideración.

1d. Es cosa tan cierta y ordinaria, por el poco saber de algunos, servirse de las cosas espirituales solo para el sentido, dejando el espíritu vacío.

1e. Apenas habrá a quien el jugo sensual no estrague[1] buena parte del espíritu, bebiéndose el agua antes que llegue el espíritu, dejándole seco y vacío.

2. Por vienes espirituales entiendo todos aquellos que mueven y ayudan para las cosas divinas y el trato del alma con Dios, y las comunicaciones de Dios con el alma.

3a. Los bienes espirituales son en dos maneras: unos, sabrosos y otros penosos. Y cada uno de estos géneros es también en dos maneras.

3b. Los sabrosos, unos son de cosas claras que distintamente se entienden, y otros, de cosas que no se entienden clara ni distintamente.

3c. Los penosos, también algunos son de cosas claras y distintas, y otros de cosas confusas y oscuras.

4a. Todos estos podemos distinguir según las potencias del alma.

4b. Unos, por cuanto son inteligencias, pertenecen al entendimiento.

4c. Otros, por cuanto son afecciones pertenecen a la voluntad.

4d. Otros, por cuanto son imaginarios, pertenecen a la memoria.

5a. Los bienes penosos pertenecen a la noche pasiva.

5b. Los sabrosos que decimos ser de cosas confusas y no distintas para tratar a la postre[2], por cuanto pertenecen a la noticia general, confusa, amorosa, en que se hace la unión del alma con Dios, la cual dejamos en el libro segundo, difiriéndolo para tratar a la postre.



[1] Del latín vulgar “stragare”, asolar, devastar. Viciar (dañar física o moralmente). www.rae.es

[2] Lo mismo que postrero. Postrero: lo que es último en el orden. Diccionario de Autoridades. Tomo V (1737). www.rae.es

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