Capítulo 16. En que se comienza a tratar de la noche oscura de la voluntad. Pónese la división en las afecciones de la voluntad.
1a. No
hubiéramos hecho nada en purgar al entendimiento para fundarle en la virtud de
la fe, y a la memoria en la de la esperanza, si no purgásemos también la
voluntad acerca de la tercera virtud, que es la caridad.
1b. Por
la cual las obras hechas en fe son vivas y tienen gran valor, y sin ella no
valen nada.
1c. Santiago
2, 20: Sin obras de caridad, la fe es muerta.
1d. Y
para tratar de la noche y desnudez activa de esta potencia no hallé autoridad
más conveniente que la que se escribe en el Deuteronomio, donde dice Moisés:
1e.
Deuteronomio 6,5: Amarás a tu Señor de todo corazón, y de toda tu ánima, y de
toda tu fortaleza.
1f. En
la cual se contiene todo lo que el hombre espiritual debe hacer y lo que yo
aquí tengo que enseñar para que de veras llegue a Dios por unión de voluntad
por medio de la caridad.
1g. En
ella se manda al hombre que todas las potencias y apetitos, y operaciones y aficiones
de su alma emplee en Dios, de manera que toda la habilidad y fuerza no sirva
más que para esto.
1h.
Salmo 59 (58), 10: “Fortaleza mía, / que mi alcázar es Dios”.
2a. La
fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, todo lo cual
es gobernado por la voluntad.
2b.
Cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en Dios la voluntad y las
desvía de todo lo que no es Dios, entonces guarda la fortaleza del alma para
Dios, y así viene a amar a Dios de toda su fortaleza.
2c. Para
que esto el alma pueda hacer, trataremos aquí de purgar la voluntad de Dios de
todas sus afecciones desordenadas.
2d. Las
afecciones o pasiones son: gozo, esperanza, dolor y temor.
2e. Las
cuales, poniéndolas en obra de razón en orden a Dios, de manera que el alma no
se goce sino de lo que es puramente honra y gloria de Dios.
2f. Ni
tenga esperanza de otra cosa, ni se duela sino de lo que a esto tocare, ni tema
sino solo a Dios.
2g.
Cuanto más se gozare el alma en otra cosa que en Dios, tanto menos fuertemente
se empleará su gozo en Dios.
2h.
Cuanto más esperare otra cosa, tanto menos espera en Dios; y así en las demás.
3a. Todo
negocio para venir a unión en Dios está en purgar la voluntad de sus afecciones
y apetitos.
3b. Porque
así de voluntad humana y baja, venga a ser voluntad divina, hecha en una misma
cosa con la voluntad de Dios.
4a.
Estas cuatro pasiones tanto más reinan en el alma y la combaten, cuanto la
voluntad está menos fuerte en Dios y más pendiente de criaturas.
4b.
Entonces con mucha facilidad se goza de cosas que no merecen gozo, y espera lo
que no aprovecha, y se duele de lo que se había de gozar y teme donde no hay
que temer.
5a. De
estas afecciones nacen al alma todos los vicios e imperfecciones que tiene cuando
están desenfrenadas y también todas las virtudes cuando están ordenadas y compuestas.
5b. Están
tan aunadas y tan hermanadas entre sí estas cuatro pasiones del alma, que donde
actualmente va la una, las otras también van virtualmente [virtual: implícito,
tácito, rae.es].
5c. La
voluntad, con estas cuatro pasiones, es significada por aquella figura que vio
Ezequiel de cuatro animales juntos en un cuerpo, que tenía cuatro haces y las alas
del uno estaban asidas a las del otro, y cada uno iba delante de su haz [cara o
rostro, rae.es], y cuando iban adelante no volvían atrás.
5d.
Ezequiel 1, 8-9: “Debajo de las alas tenían manos humanas por los cuatro
costados, los cuatro tenían rostros y alas. Sus alas se juntaban una a la otra.
No se volvían al caminar; caminaban de frente”.
5f. De tal
manera estaban asidas las plumas de cada una de estas afecciones a las de cada
una de esotras, que doquiera que actualmente llevaba la una su faz, esto es, su
operación, necesariamente las otras han de caminar virtualmente con ella.
6a.
Donde quiera que fuere una pasión de estas, irá también toda el alma y la
voluntad y las demás potencias, y vivirán cautivas en la tal pasión, y las
demás tres pasiones en aquellas estarán vivas para afligir al alma con sus
prisiones y no la dejarán volar en libertad y descanso de la dulce
contemplación y unión.
6b. Por
eso te dijo Boecio que, si querías con luz clara entender la verdad, echases de
ti los gozos, y la esperanza, y temor y dolor.
6c. En
cuanto estas pasiones reinan, no dejan estar el alma con la tranquilidad y paz que
se requiere para la sabiduría que natural y sobrenaturalmente puede recibir.

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