martes, 8 de septiembre de 2020

2 Subida del Monte Carmelo. Capítulo 21, 5-10. Prudencia en las experiencias sobrenaturales, pueden ser del demonio vestido con piel de oveja, haciéndose pasar por Dios.

 


6a. Dios, aunque responda a las tales peticiones algunas veces, se enoje, aunque también queda dado a entender, todavía será bueno probarlo con algunas autoridades de la sagrada Escritura.

6b. 1 Samuel 28, 6-15: se dice que, pidiendo el rey Saúl que le hablase el profeta Samuel que era ya muerto, le apareció el dicho profeta; y con todo eso, se enojó Dios, porque luego le reprendió Samuel por haberse puesto en tal cosa, diciendo:

6c. 1 Samuel 28, 15: ¿Por qué me has inquietado en hacer me resucitar?

6d. Números 11, 32-33: también sabemos que, no porque respondió Dios a los hijos de Israel dándoles las carnes que pedían, se dejase de enojar mucho contra ellos, porque luego les envió fuego del cielo en castigo.

6e. Salmo 77, 30-31: Aún teniendo ellos los bocados en sus bocas, descendió la ira de Dios sobre ellos.

6f. También leemos en Números que se enojó Dios mucho contra Balaán profeta porque fue a los madianitas llamado por Balac, rey de ellos, aunque dijo Dios que fuese, porque tenía él gana de ir y lo había pedido a Dios; porque, estando ya en el camino, le apareció el ángel con la espada y le quería matar, y le dijo:

6g. Números 22, 32: Tu camino es perverso y a mí contrario.

7a. De esta manera y otras muchas condesciende Dios enojado con los apetitos de las almas.

7b. Es cosa peligrosísima querer tratar con Dios por tales vías, y que no dejará de errar mucho y hallarse muchas veces confuso el que fuere aficionado a tales modos.

7c. La dificultad que hay en saber no errar en las locuciones y visiones que son de Dios, hay ordinariamente entre ellas muchas que son del demonio.

7d. Continuamente anda en el alma en aquel traje que anda Dios con ella, poniéndole cosa tan verosímil a las que Dios le comunica, por injerirse él a vueltas como el lobo entre el ganado con pellejo de oveja.

8a. Ejemplo: conoce el demonio que la disposición de la tierra y aires y término que lleva el sol, van de manera y el grado de disposición, que necesariamente, llegado tal tiempo, habrá llegado la disposición de estos elementos a inficionarse, y así a inficionar [infectar, rae.es] la gente con pestilencia, y en las partes que será de más y en las que será de menos.

8b. ¿Qué mucho es que, revelando el demonio esto a un alma, diciendo: “de aquí a un año o medio habrá pestilencia”, que salga verdadero? Y es profecía del demonio.

8c. De la misma manera puede conocer los temblores de la tierra, viendo que se va hinchiendo los senos de ella de aire, y decir: “En tal tiempo temblará la tierra”; lo cual es conocimiento natural; para el cual basta tener el ánimo libre de las pasiones del alma, según lo dice Boecio.

8d. Boecio: “Si quieres con claridad natural conocer las verdades, echa de ti el gozo y el temor, y la esperanza y el dolor”.

9a. También se pueden conocer eventos y casos sobrenaturales en sus causas acerca de la providencia divina, que justísima y certísimamente acude a los que piden las causas buenas o malas de los hijos de los hombres.

9b. Judit 11, 11: En tal tiempo os dará Dios esto, o hará esto, acaecerá esotro ciertamente.

9c. Lo cual da a entender la santa Judit a Holofernes, la cual, para persuadirle que los hijos de Israel habían de ser destruidos sin falta, le contó muchos pecados de ellos primero y miserias que hacían, y luego dijo:

9d. Judit 11, 12: Pues hacen estas coas, está cierto que serán destruidos.

9e. Lo cual es conocer el castigo en la causa, que es tanto como decir: cierto es´ta que tales pecados han de causar tales castigos de Dios, que es justísimo.

9f. Sabiduría 11, 17: En aquello o por aquello que cada uno peca, es castigado.

10a. Puede el demonio conocer esto, no solo naturalmente, sino aun de experiencia que tiene de haber visto a Dios hacer cosas semejantes, y decirlo antes y acertar.

10b. Tobías conoció por la causa el castigo de la ciudad de Nínive; y así, amonestó a su hijo:

10c. Tobías 14, 12-13: Mira, hijo, en la hora que yo y tu madre muriéremos, sal de esta tierra, porque ya no permanecerá.

10d. Todo lo cual también el demonio y Tobías podían saber, no solo por la maldad de la ciudad, sino por experiencia, viendo que tenían los pecados del mundo por que Dios le destruyó en el diluvio.

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