Prólogo.
1.Son
tantas y tan profundas las tinieblas y trabajos, así espirituales como
temporales, por que ordinariamente suelen pasar las dichosas almas para poder
llegar a este alto estado de perfección, que ni basta ciencia humana para
entender, ni experiencia para lo saber decir: porque solo el que por ello pasa
sabrá sentir, mas no decir.
3a. Por
mucha necesidad que tienen muchas almas; las cuales, comenzando el camino de la
virtud, y queriéndolas Nuestro Señor poner en esta noche oscura para que por
ella pasen a la divina unión, ellas no pasan delante; a veces, por no querer
entrar o dejarse entrar en ella.
3b.
Aunque es verdad que Dios las lleva – que puede llevarlas sin ellas –, no se
dejan ellas llevar.
3c. Hay
almas que, en vez de dejarse [conseguir, permitir, no impedir, rae.es] a Dios y
ayudarse, antes estorban a Dios por su indiscreto obrar y repugnan, hechas
semejantes a los niños que, queriendo sus madres llevarlos en brazos, ellos van
pateando y llorando, porfiando [importunar repetidamente con el fin de conseguir
un propósito, rae.es] por ser ellos por su pie, para que no se pueda
andar nada.
4ª. A
los principiantes como a los aprovechados, con su ayuda daremos doctrina y
avisos, para que sepan entender o, a lo menos, dejarse llevar de Dios.
4b. Acaecerá que lleve Dios
a una alma por un altísimo camino de oscura contemplación y sequedad […]
encuentre quien le diga, como los consoladores de Job (2, 11-13) o que es
melancolía, o desconsuelo, o condición, o que podrá ser alguna malicia oculta
suya, y que por eso le ha dejado Dios; y así, luego suelen juzgar

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