8a. ¡Oh dichosa llaga, hecha por quien no
sabe sino sanar!
8b. ¡Oh venturosa y mucho más dichosa llaga,
pues no fuiste hecha sino para regalo y la calidad de tu dolencia es regalo y
deleite del alma llagada!
8c. Grande eres, ¡oh deleitable llaga!, porque
es grande el que te hizo.
8d. Grande es tu regalo, pues el fuego de
amor es infinito, que según su capacidad y grandeza te regala.
8e. ¡Oh, pues, regalada llaga, y tanto más subidamente
regalada cuanto más en el infinito centro de la sustancia del alma tocó el
cauterio, abrasando todo lo que se pudo abrasar para regalar todo lo que se
pudo regalar!
8f. Este cauterio y esta llaga podemos
entender que es el más alto grado que en este estado puede ser.
8g. Hay otras formas de cauterizar Dios al
alma que ni llegan aquí, ni son como esta.
8h. Esta es toque solo de la divinidad en el
alma, sin forma n figura alguna intelectural ni imaginaria.
9. Otra manera de cauterizar el alma con
forma intelectual suele haber muy subida.
9b. Es en esta manera: acaecerá que estando
el alma inflamada de amor de Dios.
9c. Aunque no esté tan calificada como aquí
habeos dicho, pero harto conviene que lo esté para lo que aquí quiero decir.
9d. Sienta embestir en ella un serafín con
una flecha o dardo encendidísimo en fuego de amor.
9e. Traspasando a esta alma que ya está
encendida subidamente.
9f. En este cauterizar traspasándola con
aquella saeta, apresúrate la llama del alma y sube de punto con vehemencia.
9g. Al modo que un encendido horno o fragua
cuando le hornaguean y trabucan[1]
el fuego y se aviva el fuego y afervora la llama en deleite sobremanera.
9h. Demás de ser toda removida en gran
suavidad el trabucamiento y moción impetuosa causada por aquel serafín, en que
siente grande ardor y derretimiento de amor.
9i. Siente la herida fina y la yerba con que
vivamente iba templando el hierro.

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