miércoles, 4 de marzo de 2026

Llama de amor viva, 27-28. El amor conduce a la unión de la propia voluntad con la persona amada.

 


26a. Esto es lo que quiere dar a entender cuando dice el alma el presente verso: pues ya no eres esquiva.

26b. Es como si dijera: pues ya no solamente me eres oscura como antes, pero eres la divina luz de mi entendimiento, que te puedo mirar.

26c. No solamente no haces desfallecer mi flaqueza, mas antes eres la fortaleza de mi voluntad, con que te puedo amar y gozar, estando toda convertida en amor divino.

26d. Ya no eres pesadumbre y aprieto como la sustancia el alma.

26e. Eres la gloria y deleites y anchura de ella.

26f. De mí se puede decir lo que se canta en los divinos Cantares:

26g. ¿Quién es esta que sube del desierto abundante en deleites, estribando sobre su amado, acá y allá vertiendo amor? (Cantar de los Cantares 8, 5).

27a. ¡Acaba ya, si quieres!

27b. Acaba ya de consumar conmigo perfectamente el matrimonio espiritual con tu beatífica vista.

27c. Porque esta es la que pide el alma.

27d. Aunque es verdad que en este estado tan alto, está el alma tanto más conforme y satisfecha cuanto más transformada en amor.

27e. Para sí misma cosa sabe ni acierta a pedir, sino todo para su Amado.

27f. La caridad, como dice san Pablo, no pretende para sí sus cosas (1 Co 13, 5), sino para el Amado.

27g. Porque vive en esperanza todavía, en que no se puede dejar de sentir vacío.

27h. Tiene tanto de gemido, aunque suave y regalado, cuanto le falta para la acaba posesión de la adopción de los hijos de Dios; donde, consumándose su gloria, se aquietará su apetito.

27i. El cual, aunque acá más juntura tenga con Dios, nunca se hartará y quietará hasta que parezca su gloria.

27j. Mayormente teniendo ya el sabor y golosina de ella, como aquí se tiene.

27k. Que es tal, que si Dios no tuviese aquí favorecida también la carne, amparando el natural con su diestra, como hizo con Moisés en la piedra para que sin morirse pudiera ver su gloria (Ex 33, 22).

27l. A cada llamarada de estas se corrompería el natural y moriría.

27m. No teniendo la parte inferior vaso para sufrir tanto y tan subido fuego de gloria.

28a. Este apetito y la petición de él no es aquí con pena.

28b. Que no está aquí el alma capaz de tenerla, sin con deseo suave y deleitable, pidiéndolo en conformidad de espíritu y de sentido.

28c. Por eso dice en el verso: acaba ya, si quieres.

28d. Está la voluntad y apetito tan hecho uno con Dios, que tiene por su gloria cumplirse lo que Dios quiere.

28e. Son tales las asomadas de gloria y amor que en estos toques se trasluce quedar a la puerta por entrar en el alma, no cabiendo por la angostura de la casa terrestre.

28f. Antes sería poco amor no pedir entrada en aquella perfección y cumplimiento de amor.

28g. Demás de esto ve allí el alma que en aquella fuerza de deleitable comunicación del esposo la está el Espíritu Santo provocando y convidando con aquella inmensa gloria que le está proponiendo ante sus ojos.

28h. Con maravillosos modos y suaves afectos.

28i. Diciéndole en su espíritu lo que en los Cantares a la esposa, lo cual refiere ella diciendo:

28j. Mirad lo que me está diciendo mi esposo: Levántate y date priesa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven; pues que ya ha pasado el invierno, y la lluvia se ue y alejó, y las flores han parecido en nuestra tierra; y ha llegado el tiempo del podar; la voz de la tortolilla se ha oído en nuestra tierra: la higuera ha producido sus frutos; las floridas viñas han dado su olor.

28k. Levántate, amiga mía, graciosa mía, y ven; paloma mía, en los horados[1] de las piedras, en la caverna de la cerca.

28l. Muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oídos; porque tu voz es dulce y tu rostro hermoso (Ct 2, 10-14).

28m. Todas estas cosas siente el alma y las entiende distintamente en subido sentido de gloria.

28n. La está mostrando el Espíritu santo en aquel suave y tierno llamear, con gana de entrarle en aquella gloria.

28ñ. Por eso ella aquí provocada, responde diciendo: acaba ya, si quieres.

28o. En lo cual le pide al Esposo aquellas dos peticiones que él nos enseñó en el evangelio, conviene a saber:

28p. Adveniat regnum tuum; iat voluntas tua (Mt 6, 10).

28q. Es como si dijera: acaba de darme este reino; si quieres, esto es, según es tu voluntad.

28r. Y para que así sea, rompe la tela de este dulce encuentro.


[1] Agujero que atraviesa algo de parte en parte. Caverna. www.rae.es

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Llama de amor viva. Canción 2. 10-12. Abandonada el alma en un mar de amor.

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