Cautelas
(1578-79), con toda probabilidad nacido en Beas y para la comunidad teresiana,
tiene tras de sí la experiencia de varios años como formador y confesor. Está
caracterizada por la brevedad, densidad y radicalidad, apremio, brío y calor en
su redacción, restallante, contundente y dura.
Escribirá
san Juan de la cruz años después: “harto está ya escrito para obrar lo que
importa; si algo falta, no es el escribir o hablar, que esto antes
ordinariamente sobra, sino el callar y el obrar”.
En estas
frases aparece como un maestro que, urgido por dar a la vida comunitaria un
estilo sobrio y serio, teologal, alumbrando personas recias, recogidas en lo verdaderamente
esencial, no tiene tiempo de enfrascarse en grandes construcciones de teología
de vida religiosa.
La luz
que ilumina y da seguridad y fuerza viene de la vida, no de la mesa del
escritor.
Instrucción
y cautelas que debe usar el que desea ser verdadero religioso y llegar a la
perfección.
1a. El
alma que quiere llegar en breve al santo recogimiento, silencio espiritual,
desnudez y pobreza de espíritu, donde se goza el pacífico refrigerio del
Espíritu Santo, y se alcanza unidad con Dios y
librarse de los impedimentos de toda criatura de este mundo tiene
necesidad de ejercitar los documentos siguientes.
1b. Todos
los daños que el alma recibe nacen de los enemigos ya dichos, que son: mundo,
demonio y carne.
2. El
mundo es el enemigo menos dificultoso; el demonio el más oscuro de entender;
pero la carne es más tenaz que todos, y duran sus acontecimientos mientras dura
el hombre viejo.
3. para
vencer a uno de estos enemigos es menester vencerlos a todos tres; y
enflaqueciendo uno, se enflaquecen los otros dos, y venciendo todos tres, no le
queda al alma más guerra.
Contra
el mundo.
Primera
cautela.
5a.
Todas las personas tengan igualdad de amor e igualdad de olvido; más de
parientes, por temor que la carne y sangre no se avive con el amor natural.
5b. Tenlos
como por extraños, y de esta manera cumples mejor con ellos que poniendo la
afición que debes a Dios en ellos.
6a. No
ames a una persona más que a otra, que errarás; porque aquel es digno de más
amor que Dios ama más, y no sabes tú a cuál ama Dios más.
6b. No
pienses nada de ellos, no trates nada de ellos, ni bienes ni males, y huye de
ellos cuanto buenamente pudieres; y si esto no guardas, no sabrás ser
religioso.
Segunda
cautela.
7a. Los
bienes temporales; en lo cual es menester aborrecer toda manera de poseer y
ningún cuidado le dejes tener acerca de ello: no de comida, no de vestido,….
Con esto adquirirás silencio y paz en los sentidos.
Tercera
cautela.
8.
Guardes con toda guarda de menor el pensamiento y menos la palabra en lo que
pasa en la comunidad; y jamás te escandalices ni maravilles de cosas que veas
ni entiendas, procurando tú guardar tu alma en el olvido de todo aquello.
9a. Porque
si quieres mirar en algo, aunque vivas entre ángeles, te parecerán muchas cosas
no bien.
9b. Aunque
vivas entre demonios, quiere Dios que de tal manera vivas entre ellos que ni
vuelvas la cabeza de pensamiento a sus cosas, sino que las dejes totalmente,
procurando traer tu alma pura y entera en Dios, sin que un pensamiento de eso
ni de eso otro te lo estorbe.
9c. Ten
por averiguado que en los conventos y comunidades nunca ha de faltar algo en
qué tropezar, pues nunca faltan demonios que procuren derribar los santos, y
Dios lo permite para ejercitarlos y probarlos.
9d. Si
tú no te guardas, como está dicho, como si no estuvieses en casa, no sabrás ser
religioso, aunque más hagas, ni llegar a la santa desnudez y recogimiento.

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