miércoles, 29 de abril de 2020

Cautelas 1.


Cautelas (1578-79), con toda probabilidad nacido en Beas y para la comunidad teresiana, tiene tras de sí la experiencia de varios años como formador y confesor. Está caracterizada por la brevedad, densidad y radicalidad, apremio, brío y calor en su redacción, restallante, contundente y dura.
Escribirá san Juan de la cruz años después: “harto está ya escrito para obrar lo que importa; si algo falta, no es el escribir o hablar, que esto antes ordinariamente sobra, sino el callar y el obrar”.
En estas frases aparece como un maestro que, urgido por dar a la vida comunitaria un estilo sobrio y serio, teologal, alumbrando personas recias, recogidas en lo verdaderamente esencial, no tiene tiempo de enfrascarse en grandes construcciones de teología de vida religiosa.
La luz que ilumina y da seguridad y fuerza viene de la vida, no de la mesa del escritor.

Instrucción y cautelas que debe usar el que desea ser verdadero religioso y llegar a la perfección.
1a. El alma que quiere llegar en breve al santo recogimiento, silencio espiritual, desnudez y pobreza de espíritu, donde se goza el pacífico refrigerio del Espíritu Santo, y se alcanza unidad con Dios y  librarse de los impedimentos de toda criatura de este mundo tiene necesidad de ejercitar los documentos siguientes.
1b. Todos los daños que el alma recibe nacen de los enemigos ya dichos, que son: mundo, demonio y carne.
2. El mundo es el enemigo menos dificultoso; el demonio el más oscuro de entender; pero la carne es más tenaz que todos, y duran sus acontecimientos mientras dura el hombre viejo.
3. para vencer a uno de estos enemigos es menester vencerlos a todos tres; y enflaqueciendo uno, se enflaquecen los otros dos, y venciendo todos tres, no le queda al alma más guerra.
Contra el mundo.
Primera cautela.
5a. Todas las personas tengan igualdad de amor e igualdad de olvido; más de parientes, por temor que la carne y sangre no se avive con el amor natural.
5b. Tenlos como por extraños, y de esta manera cumples mejor con ellos que poniendo la afición que debes a Dios en ellos.
6a. No ames a una persona más que a otra, que errarás; porque aquel es digno de más amor que Dios ama más, y no sabes tú a cuál ama Dios más.
6b. No pienses nada de ellos, no trates nada de ellos, ni bienes ni males, y huye de ellos cuanto buenamente pudieres; y si esto no guardas, no sabrás ser religioso.
Segunda cautela.
7a. Los bienes temporales; en lo cual es menester aborrecer toda manera de poseer y ningún cuidado le dejes tener acerca de ello: no de comida, no de vestido,…. Con esto adquirirás silencio y paz en los sentidos.
Tercera cautela.
8. Guardes con toda guarda de menor el pensamiento y menos la palabra en lo que pasa en la comunidad; y jamás te escandalices ni maravilles de cosas que veas ni entiendas, procurando tú guardar tu alma en el olvido de todo aquello.
9a. Porque si quieres mirar en algo, aunque vivas entre ángeles, te parecerán muchas cosas no bien.
9b. Aunque vivas entre demonios, quiere Dios que de tal manera vivas entre ellos que ni vuelvas la cabeza de pensamiento a sus cosas, sino que las dejes totalmente, procurando traer tu alma pura y entera en Dios, sin que un pensamiento de eso ni de eso otro te lo estorbe.
9c. Ten por averiguado que en los conventos y comunidades nunca ha de faltar algo en qué tropezar, pues nunca faltan demonios que procuren derribar los santos, y Dios lo permite para ejercitarlos y probarlos.
9d. Si tú no te guardas, como está dicho, como si no estuvieses en casa, no sabrás ser religioso, aunque más hagas, ni llegar a la santa desnudez y recogimiento.

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